Te maté por vivir
Tuve que matarte por vivir
porque el
cuerpo no aguantaba más tus golpes,
tus insultos,
tu desprecio.
Nuestra historia, como muchas otras,
era hermosa,
relinda, preciosa...Al principio.
Tú venías a buscarme.
A la universidad,
al trabajo, a mi casa…
Salíamos a pasear, íbamos al cine.
Nos reíamos juntos.
Un día te enfadaste mucho
porque llegué media hora tarde a
nuestro encuentro.
Y me insultaste.
Estabas fuera de ti.
Habías tenido
un mal día. Me pediste perdón.
“Un mal día”, dijiste.
No volvería a suceder.
Ese fue el principio de todo.
Tus accesos de ira eran
cada vez más frecuentes.
El estrés de tu trabajo.
¡Con quién desahogarte
sino conmigo!
Era normal.
Después siempre me traías flores.
Todavía recuerdo el primer día
como si fuera ayer.
Estabas muy nervioso.
Nos peleamos.
Tú me empujaste.
Caí por las escaleras.
Tres costillas rotas.
Te dejé.
Comencé a tenerte miedo.
Era una constante en mi vida.
Me viniste a ver al hospital,
Te portaste muy bien…Me pedías
Perdón por el “accidente”, una y
otra vez.
No controlaste tu fuerza.
Yo te quería.
Y te perdoné.
De nuevo juntos.
Tres meses después nos casamos.
Insististe en que
dejase mi trabajo de abogada.
Trabajaba con muchas personas en una
organización social.
Me gustaba mi trabajo.
Pero con tu sueldo sería
suficiente.
Queríamos tener hijos.
Ahí comenzó la pesadilla.
Uno de los dos era estéril.
Me echabas la culpa.
“Ni para tener hijos sirves”, decías.
Siempre estabas fuera, de
viaje.
Nuestra casa. Tu casa. Mi jaula.
Mientras estabas lejos, salía a
pasear…
Sonreía.
Llegabas cansado a casa.
Tu humor empeoraba
cada vez que regresabas del extranjero.
Se me cayó un cenicero que te habían
regalado.
Se rompió.
Y tú me rompiste.
A golpes.
No podía
mirarme en el espejo.
Esa chica no era yo.
Toda la cara amoratada.
Como en las películas.
Esto no estaba pasando.
No me podía estar
pasando.
Te justificaba y me sentía culpable.
Culpable y sola.
Tú trabajabas muchas horas.
La hipoteca. La maldita hipoteca. La
puta hipoteca.
Siempre igual. Me decías que cambiarías.
Que pedirías ayuda.
Pero nunca fue así.
Hasta que no pude más.
No pude más y escapé.
Encontré un lugar en el que otras mujeres vivían
juntas.
Protegidas.
Todas con la historia de su vida marcada en la
piel.
La piel que dolía y temblaba al recordarte.
Me sentía sucia.
Y vacía.
Dejé a mis amigos, a mi familia, lo dejé todo.
Para que no me
encontraras.
Un día hubo un accidente.
La carretera estaba muy
oscura.
Tu conducías solo.
Llovía a mares. Exceso de velocidad.
Se acabó.
Ironías de la vida.
Ahora ya no estás.
No te echo de menos.
Han pasado diez años.
Vivo con Miguel.
Tenemos dos niños…
Y trabajo.
Él trabaja en la asociación
De hombres feministas
Contra la violencia de género.
Así nos conocimos.
Si miro atrás en el
tiempo y te recuerdo
Pienso que todo fue un mal sueño.
Que jamás exististe.
Quizás tuve valor al huir de tu violencia.
Al matar tu
violencia. Porque no podía más con el miedo.
Por eso, tan sólo por
eso,
Te maté por vivir.
dimecres, 19 de desembre del 2007
25N: contra la violència de gènere
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